Si alguien dudaba de la salud de la cantera española del padel, Oporto ha dado la respuesta. En la FIP Junior Euro Padel Cup, disputada en la ciudad portuguesa del 27 de junio al 4 de julio, España se llevó los dos títulos continentales: el masculino y el femenino. Y lo hizo de la manera más contundente posible.
Los chicos despacharon a Francia por 3-0 en la final. Las chicas hicieron lo propio con Italia, también por 3-0. Dos finales, seis puntos, y un detalle que retrata el nivel de la expedición: ninguna de las dos selecciones cedió un solo set. Un doblete europeo inmaculado.
Francia e Italia, las víctimas de rigor
No es casualidad que los rivales en ambas finales fueran Francia e Italia. Son, junto a España, los países que más están empujando el crecimiento del padel europeo en la base. Pero cuando llega la hora de la verdad, la jerarquía sigue intacta: la escuela española marca el paso, y la distancia con el resto —al menos en categorías junior— sigue siendo un abismo.
El 3-0 sin ceder sets ante dos potencias emergentes no es un triunfo cualquiera: es un mensaje al futuro del circuito. Los nombres que levantaron estos títulos en Oporto son los que dentro de unos años pelearán por los cuadros de Premier Padel.
Una fábrica que no deja de producir
El doblete junior no nace de la nada. España sigue siendo la primera potencia mundial en infraestructura, con unas 17.400 pistas, la mayor red del planeta. Y la maquinaria no se detiene: este mismo mes ha abierto el Tizona Sport Club de Pozuelo, en Madrid, una instalación cinco estrellas con 11 pistas cubiertas, mientras en Alcobendas el proyecto La Vida Padel ha invertido dos millones de euros en 12 pistas indoor.
La consultora PwC ya trata el padel como una clase de activo inmobiliario en España, con ocupaciones cercanas al 70% y retornos de inversión de unos tres años. Traducido: cada vez más pistas, cada vez más niños jugando, cada vez más cantera. El círculo virtuoso perfecto.
Un deporte que se hace global desde aquí
El contexto internacional agranda el valor de dominar la base. Según la FIP, el padel supera ya los 35 millones de practicantes y las 77.000 pistas en 150 países, con 14.000 pistas nuevas solo en 2025. El pastel crece a toda velocidad, y las selecciones que formen mejores jugadores hoy dominarán el circuito profesional de la próxima década.
Por ahora, ese futuro habla español. Los campeones de Oporto tienen además el mejor espejo posible esta misma semana: el Málaga P1 del Martín Carpena, donde la élite mundial —con la armada española al frente— se juega 1.000 puntos hasta el domingo. De las pistas de Oporto al cuadro de un P1 hay un camino largo, pero en España está más transitado que en ningún otro lugar del mundo.
Padel Post Redaktion
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